Deepfake de ti mismo
El único deepfake al que no hay que pedirle permiso a nadie: la cara es la tuya. Sube una foto, elige la escena y ten el deepfake de ti mismo en torno a un minuto.
Un deepfake de ti mismo es la petición menos complicada de toda esta categoría. Las demás páginas del sitio dedican un párrafo a explicar de quién puedes usar la cara, porque el sujeto es otra persona. Aquí el sujeto eres tú. No hay derechos de imagen que aclarar, ni una cesión que perseguir, ni nadie que pueda oponerse. Tu cara es el único material biométrico que posees por completo, así que un deepfake de ti mismo colocado en una escena que nunca rodaste no plantea la pregunta de permiso que persigue a todo lo demás.
El mecanismo no tiene nada de especial. Tú aportas la escena — un fotograma de cine, un plano de videoclip, un póster, una foto de grupo en la que no estabas — y una fotografía nítida de tu propia cara. El modelo lee tu geometría facial de esa referencia, reconstruye el rostro del fotograma de destino con tu identidad y lo funde de vuelta. Todo corre en el navegador, sin instalar nada y sin GPU propia. Lo que decide el resultado es casi siempre la foto de partida.
Y ahí es donde falla, de una forma perfectamente predecible. La gente echa mano de un selfi, y un selfi es de lo peor que tienes: el objetivo queda a unos centímetros de la cara, la luz cae desde arriba y el teléfono lo ha guardado casi seguro en espejo. El resto de esta página está para arreglar eso: qué foto hacer, qué escenas funcionan y cuál es el límite honesto de un deepfake de ti mismo.
Lo que un deepfake de ti mismo tiene que hacer bien
Tu cara, nadie a quien preguntar
Todas las reglas de consentimiento de este sitio existen para proteger a alguien cuya cara se usa sin su permiso. Un deepfake de ti mismo desmonta esa estructura entera: el sujeto y quien sube el archivo son la misma persona. Ni cesión, ni aclaración de derechos, ni riesgo de que el retratado vea el resultado y se oponga.
Una foto, todas las escenas que vengan
El modelo construye el vector de identidad a partir de tu imagen de origen y no del destino, así que un buen retrato frontal sirve para todos los renders posteriores. Encuentra la fotografía tuya que funciona y guárdala. Ese trabajo se hace una vez y luego entras en una docena de escenas con el mismo archivo.
Foto y vídeo en la misma tubería
Imágenes de hasta 10 MB y clips de hasta 100 MB pasan por el mismo motor, con seguimiento fotograma a fotograma para que tu cara no parpadee cuando la cabeza gira. Un deepfake de ti mismo en foto vuelve en menos de un minuto; el vídeo escala con el número de fotogramas, no con el peso del archivo.
Hasta 1024 píxeles, para que sigas siendo tú
La mayoría de modelos se entrenan a 128 o 256 píxeles, y por eso la salida barata se ablanda en cuanto una cara llena el encuadre, algo que notas al instante cuando la cara es la tuya. El pase de pixel boost reconstruye la zona sustituida hasta 1024×1024 antes de componer, así que un primer plano conserva la textura de la piel.
Lo que subes sigue siendo tuyo
Una fotografía de tu propia cara es más delicada que cualquier otra cosa que vayas a subir aquí. El archivo que hay detrás de un deepfake de ti mismo se procesa para ese render y para nada más: no entra en ningún conjunto de entrenamiento, no se revende y no se publica en ninguna galería.
Cómo hacer un deepfake de ti mismo en tres pasos
Sube la escena
Suelta el fotograma donde quieres aterrizar: un plano de cine, un videoclip, un póster. Hasta 10 MB en foto y 100 MB en vídeo. El proceso empieza detectando las caras que ya hay en esa imagen.
Añade una foto tuya
Este es el paso que decide el resultado. Para que un deepfake de ti mismo salga bien, usa un retrato y no un selfi: hecho a dos o tres metros, con luz frontal, los dos ojos y la mandíbula completa a la vista.
Renderiza y descarga
Lanza el trabajo. Una imagen vuelve en menos de un minuto y un clip en proporción a su duración, a la resolución que subiste.
Tres pasos y ya está todo. La elección de modelo, el pixel boost y las máscaras de oclusión viven en el panel avanzado, y ninguno importa la primera vez que haces un deepfake de ti mismo.
Dónde se mete la gente a sí misma
Un deepfake de ti mismo es una petición que llega con la escena ya pensada. Estas cinco aparecen sin parar, y ninguna necesita el permiso de nadie más.
Tú en una escena de cine
La más frecuente con diferencia. Eliges el plano que has visto cuarenta veces, pones tu cara y descubres qué aspecto tienes diciendo esa frase. Funciona mejor en un primer plano de cámara fija iluminado de frente.
Tu cara en un formato de meme
El chiste es más gracioso cuando eres tú. Plantillas de reacción, portadas de disco, carteles de cine: un deepfake de ti mismo cae en un grupo de chat mucho mejor que cualquier imagen de archivo, y las fotos fijas son lo que más limpio sale.
Videoclips y planos de escenario
Ponerte detrás del micrófono es una fantasía de largo recorrido y un render sencillo. Elige una estrofa donde el intérprete mire a cámara y tenga la cabeza quieta, no una en la que la mueva todo el rato.
La foto de grupo que te perdiste
Estabas enfermo, fuera del país, o te cancelaron el vuelo. Un deepfake de ti mismo para una foto en la que tenías que salir es el uso más sentimental de esta tecnología, y uno de los más frecuentes.
Un montaje de regalo para otra persona
Una felicitación donde un amigo protagoniza su película favorita. Aquí vuelven las reglas, porque un deepfake de ti mismo solo está libre de consentimiento mientras la cara sea la tuya. Pregúntale antes.
Cómo hacer un deepfake de ti mismo que no cante
Por qué tus selfis son el archivo equivocado
La fotografía a la que echarás mano primero es la peor que tienes. Un selfi se hace con el brazo estirado, lo que deja un objetivo angular de teléfono a unos cuarenta centímetros de tu cara, y a esa distancia la perspectiva te agranda la nariz, te estrecha la mandíbula y te empuja las orejas hacia el borde del encuadre. Tu cara no ha cambiado de forma; ha cambiado la geometría del objetivo. Un deepfake de ti mismo hecho con ese archivo arrastra la deformación al destino con toda fidelidad.
La luz es el segundo problema. En alto, el teléfono recoge lo que tengas encima — una lámpara de techo, un cielo nublado — y la luz cenital hunde las cuencas de los ojos y aplana los pómulos, justo los puntos de referencia que el modelo necesita. Y hay un tercer detalle silencioso: la mayoría de teléfonos guardan la cámara frontal en espejo, y tú llevas toda la vida mirando una versión reflejada de tu cara. El archivo volteado te parece correcto a ti y raro a los demás. Desvoltéalo antes de subirlo.
Lo que un retrato le da al modelo y un selfi no
El arreglo no cuesta nada. Apoya el teléfono con el temporizador, o dáselo a alguien, ponte a dos o tres metros y acércate con el zoom, no con los pies. A esa distancia el objetivo comprime tus rasgos casi como una óptica de cine, que es exactamente la geometría con la que se rodó tu material de destino. Una cara captada a distancia de retrato encaja en un fotograma de película; una captada a la longitud del brazo, no. Este cambio mejora más un deepfake de ti mismo que todos los ajustes avanzados juntos.
Para la luz, ponte de cara a una ventana con el cielo detrás de la cámara, o sal a la sombra abierta. Quieres luz suave de frente, los dos ojos visibles con un brillo dentro, y la mandíbula entera sin tapar. Mantén una expresión neutra, porque la expresión también se transfiere: una carcajada en el origen pelea con un destino solemne y obliga al modelo a estirar una geometría que nunca vio. Con una foto así entras en lo que quieras durante años.
Ajustarte al fotograma de destino
El origen es la mitad del trabajo; la otra mitad es elegir un destino donde tu cara pueda vivir. El ángulo de la cabeza es la restricción dura: mantén la pose del destino dentro de unos treinta grados respecto a tu origen, porque más allá el modelo se inventa las partes de tu cara que no vio. La dirección de la luz va después: una cara iluminada con luz dura por la izquierda, metida en una escena de luz suave por la derecha, se lee como pegada aunque la mezcla sea perfecta: las sombras se contradicen.
Este es el límite honesto de un deepfake de ti mismo, y conviene saberlo antes de empezar. El fotograma de cine se rodó con una óptica larga y un equipo de iluminación; tu origen salió de un móvil en una cocina. Cada paso que acortes esa distancia es un paso que el modelo no tiene que inventar. Activa la máscara de oclusión cuando una mano o un micrófono crucen la cara, y si un plano se resiste, cambia de plano: prueba tres fotogramas de la misma escena y uno funcionará.
Cómo revisar un deepfake de ti mismo
Juzgas tu propia cara con más dureza que la de cualquier otro, y aquí eso viene bien: detectas un mal render al instante. Úsalo con método y no a ojo. Mira primero el nacimiento del pelo, porque la máscara de mezcla termina ahí y un borde duro o un halo asoman antes que nada. Luego los ojos: un deepfake de ti mismo que ha perdido los brillos, o que ha recogido un segundo juego del destino, canta incluso en miniatura.
Después los dientes, la costura del cuello y las orejas, que los modelos suelen aplanar en un bulto. El color va al final: si la cara trasplantada queda medio paso más clara o más fría que el cuello de debajo, eso se corrige con un deslizador en cualquier editor y merece la pena, porque la continuidad del tono de piel es lo que sostiene la imagen. Trata cada render como un fotograma de partida y no como un archivo terminado.
- Haz el origen a dos o tres metros, nunca con el brazo estirado
- Desvoltea el archivo si el teléfono guardó el selfi en espejo
- Luz frontal, brillo en los dos ojos, mandíbula entera visible
- Mantén el ángulo del destino dentro de treinta grados del origen
- Activa la máscara de oclusión si una mano o un micro cruzan la cara
- Revisa pelo, ojos, dientes y cuello antes de compartir el resultado
Tu cara es tuya. La de los demás, no.
Esta es la única página del sitio donde la pregunta del consentimiento se responde sola. Un deepfake de ti mismo no necesita permiso, porque la única persona que podría oponerse es la que está subiendo el archivo. Las reglas muerden en cuanto entra una segunda cara en el encuadre, y ahí es donde falla la gente que usa esto: el montaje de regalo para un amigo, la foto de grupo con alguien que nunca dijo que sí, la broma a costa de un compañero. Un amigo que no ha dicho que sí no es un caso raro: es el caso. Pregunta antes, y por ese montaje concreto.
Hay dos reglas que no dependen de quién sea la cara, incluida la tuya. Nunca contenido sexual ni pornográfico: se filtra a nivel de modelo, se aplica sobre la cuenta y ningún plan, ajuste ni rodeo lo desbloquea; las cuentas que lo intentan pierden el acceso de forma permanente. Y hacer pasar un deepfake por metraje auténtico es un engaño, no una sátira, y en un número creciente de jurisdicciones es un delito: varios países y la mayoría de estados de EE. UU. ya persiguen los medios sintéticos sin consentimiento. Etiqueta lo que hagas, también un deepfake de ti mismo: puedes consentir sobre tu propia cara, pero no en nombre de quien lo vea.
Preguntas frecuentes sobre el deepfake de ti mismo
¿Es legal hacerse un deepfake de ti mismo?
Es de lo menos discutible que hay en esta tecnología: eres a la vez el sujeto y quien consiente, así que no hay derecho de imagen en juego. Lo que sí puede darte problemas es lo que lo rodea: el contenido sexual está prohibido sin excepciones, y publicar cualquier deepfake como metraje real es un engaño sea de quien sea la cara. Etiqueta el montaje y no hay más.
¿Por qué un deepfake de ti mismo sale un poco raro?
Casi siempre por la foto de origen. Un selfi con el brazo estirado deforma tus rasgos por perspectiva y el teléfono lo habrá guardado además en espejo, así que el archivo te parece correcto mientras aporta una cara que sutilmente no es la tuya. Repítelo a dos o tres metros con el zoom y la diferencia salta a la vista.
¿Qué foto mía debería subir?
Un retrato con luz frontal hecho a un par de metros: los dos ojos visibles con brillo, la mandíbula entera despejada, sin gafas de sol, sin pelo cruzando la cara y con expresión neutra. Con una sola foto así te vale para cualquier escena posterior.
¿Funciona el deepfake de ti mismo en vídeo?
Sí. Los clips pasan por la misma tubería con seguimiento fotograma a fotograma y cada trabajo dispone de quince minutos de proceso. Los planos fijos se siguen mucho mejor que un barrido rápido. Un trabajo de vídeo cuesta treinta créditos frente a diez de una imagen.
¿Hace falta instalar algo?
No. Un deepfake de ti mismo se renderiza en el navegador y sobre nuestro hardware: sin aplicación de escritorio, sin entorno de Python, sin GPU propia y sin pesos que descargar. Las cuentas nuevas empiezan con créditos gratis, así que puedes probarlo antes de decidir si te compensa pagar.
¿Puedo hacer contenido explícito con mi propia cara?
No. El contenido sexual y pornográfico está prohibido por completo, se filtra a nivel de modelo y es motivo de pérdida permanente del acceso. El consentimiento del sujeto no crea ninguna excepción, y da igual que el sujeto seas tú. Ningún ajuste lo desbloquea y los avisos se atienden.
¿Puedo poner la cara de un amigo en lugar de la mía?
Solo con su acuerdo, pedido antes y dado para ese montaje concreto. Tu cara no tiene restricciones; la de un amigo sí, y «seguro que no le importa» no es consentimiento. Todo lo que publiques debe ir etiquetado como montaje: hacer pasar un deepfake por metraje real de una persona real es ilegal en cada vez más sitios.
Herramientas relacionadas
El mismo motor que hay detrás del deepfake de ti mismo, apuntado a otra cara de partida.
Hazte un deepfake de ti mismo
Elige la escena, sube una buena fotografía tuya y ten el render de vuelta antes de que se enfríe el café.
Empezar a renderizar